Fotografiando a los cazadores de águilas de Altai


Si hay algo que tenía ganas de fotografiar en Mongolia eso era sin duda el pueblo de los hombres libres de Altai y más concretamente los cazadores de águilas y el antiguo arte de la cetrería con águilas doradas, un arte milenario que se remonta hasta los tiempos de Gengis Khan y que a duras penas sobrevive hoy en día gracias a los pocos que la siguen practicando. Los cazadores de águilas de Mongolia son de etnia, origen y cultura Kazaja, un pueblo seminómada que habita a la sombra de las Montañas Altai, al extremo más occidental del país y cuyos 100.000 integrantes y son la mayor minoría étnica de Mongolia. Fuertemente estructurados por roles de género tradicionales, los hombres cazan y las mujeres se hacen cargo de los niños y cocinan. Llevan en sus viajes a sus ovejas, cabras, camellos, yaks y caballos.

En pleno siglo XXI la vida nómada tal y como se conocía antiguamente ya apenas existe. En su lugar y principalmente gracias a la tecnología y la modernización del país en las últimas décadas, los habitantes de la región adoptaron un estilo de vida seminómada en el que ya los coches, los teléfonos móviles y las comunicaciones forman parte del día a día de estas gentes. Los niños están escolarizados y la caza con fines de subsistencia ya no es necesaria. Algunos grupos ya sólo migran dos veces al año: una en primavera y otra en verano, de acuerdo con las épocas de pastoreo. Otros, sin embargo, realizan expediciones hasta cuatro veces al año. La mayoría de las familias regresa a ciertos lugares año tras año, cediendo esos pastos de padres a hijos, generación tras generación.

En la inmensidad de la estepa Mongola los cazadores de águilas cabalgan hasta zonas elevadas, dónde entrenan a las aves hasta que alcancen la destreza de una auténtica cazadora.

Entre febrero y abril, cerca de 200 familias cruzan las montañas de Altai. Recorren unos 150 kilómetros, en un viaje de temperaturas extremas.

Entre estas gentes existe esta antigua tradición de caza en la que los hombres conocidos también como "sayatshy" (literalmente hombres de los pájaros) adiestran águilas doradas con el fin de cazar zorros, liebres, conejos e incluso lobos.

Durante el período comunista en Kazajistán, muchos kazajos huyeron a Mongolia, estableciéndose en la provincia de Bayan-Ölgii y trayendo con ellos su tradición de caza con águilas. Se estima que quedan aproximadamente 250 cazadores de águilas a día de hoy en Bayan-Ölgii, los cuales se encuentra en las montañas de Altai en el oeste de Mongolia.Su costumbre de cetrería consiste en cazar con águilas doradas a caballo, y principalmente cazan zorros rojos y zorros corsac.​ Usan águilas para cazar zorros y liebres durante los fríos meses de invierno, cuando es más fácil verlos en la nieve.

La ciudad de Olgyi, capital de la provincia de Bayan-Olgyi, junto a las montañas Altai es el lugar más grande de la zona. En esta región viven los casi 250 cazadores de águilas que quedan para mantener viva la tradición.

Adiestrar y entrenar a estas aves es toda una tradición para los kazajos del Altái, quienes consideran el vínculo entre el ave y el humano tan fuerte como el de padres e hijos. La relación resultante es cercana y dura años; algunas viven más de una década, y ciertos cazadores incluso hablan de su águila como si fuera un hijo y a menudo les cantan para que se acostumbren a su voz. Las águilas hembra, más grandes y más fuertes que los machos, se usan casi exclusivamente para cazar. Tras 8 años de leal servicio liberan al águila en las montañas haciéndole una ofrenda con carne de cordero a modo de agradecimiento.

Los cazadores y sus águilas doradas acaban estableciendo un vínculo importante hasta el punto de que las águilas (siempre hembras) acaban creyendo que su adiestrador es una potencial pareja. Se utilizan águilas hembras ya que suelen ser más agresivas para la caza y tienden a ser más reactivas ante los estímulos visuales.

El cazador y el animal establecen un potente vínculo que durará años. Tras 8 años de leal servicio liberan al águila en las montañas haciéndole una ofrenda con carne de cordero a modo de agradecimiento.

Los cazadores utilizan una indumentaria determinada para esta práctica. Principalmente son ropajes hechos de piel de yak con el fin de proteger del gélido frío del invierno que en Altai puede llegar hasta los -40º por la noche.

La tradición, la técnica y el método se transmiten de padres a hijos de manera que la tradición ha continuado viva hasta día de hoy. A pesar de que durante siglos la caza con águilas ha sido considerada una tradición exclusivamente reservada a los hombres, hace ya unos años que un grupo de jóvenes mujeres se han iniciado en este increíble arte. En el año 2016 Aisholpan Nurgayv se convirtió con tan sólo 13 años en la primera niña no sólo en participar sino en ganar el campeonato nacional de caza con águila que se celebra anualmente en octubre en la provincia. Su ambición personal y la gran notoriedad que alcanzó no sólo a nivel nacional, sino internacionalmente, ha hecho que otras muchas jóvenes mujeres hayan seguido su ejemplo mientras la comunidad kazaja ha ido volviéndose más receptiva a la inclusión de las mujeres en este deporte. La gesta de Aisholpan se llevó al cine en el año 2017 en la película "The Eagle Huntress", nominada al Oscar de la Academia como mejor película documental.

Aisholpan entrenando para la caza. Esta fotografía la tomo el fotógrafo Israelí Asher Svidensky en el año 2015 y es la imágen a través de la cual empecé a leer e informarme sobre esta increible tradición del pueblo kazajo.

A pesar de que durante siglos la caza con águilas ha sido considerada una tradición exclusivamente reservada a los hombres, hace ya unos años que un grupo de jóvenes mujeres se han iniciado en este increíble arte.

Sobre las aves

Las águilas doradas son de las aves de presa más extendidas en Asia y su uso para la cetrería y la caza se extiende más de 2000 años atrás. Pueden alcanzar hasta 2'30m de envergadura y 8 kilos de peso. Su pico es una auténtica cuchilla, sus potentes garras pueden ejercer una fuerza letal y su vista supera cuatro veces a la de un ser humano. Los cazadores de águilas las raptan del nido cuando son apenas simples polluelos y durante 8 años el ave permanecerá a su lado hasta ser finalmente liberada en las montañas.

Sería injusto decir que las aves gozan de una vida estupenda junto a sus captores, pues a pesar de que las cuiden y las alimenten, estas pasarán gran parte de su vida inmóviles y ese no es el modo en que debería vivir un animal salvaje.

Las águilas doradas pueden alcanzar hasta 2'30m de envergadura y 8 kilos de peso. Su pico es una auténtica cuchilla, sus potentes garras pueden ejercer una fuerza letal y su vista supera cuatro veces a la de un ser humano.

Durante el día, el águila permanece fuera de la yurta posada sobre una piedra. Al lado siempre suele haber un animal vivo como un zorro o alguna cría de lobo atada de manera que la rapaz se acostumbre a ver la apariencia y el movimiento de sus futuras presas. Durante la caza el animal lleva los ojos tapados con un pequeño gorro especialmente diseñado para ella. En el momento en el que el cazador divisa alguna presa desde una posición elevada es cuando le destapa la vista y rápidamente el águila sale volando en busca de su presa. Una vez localizada el águila comienza a descender en picado llegando a alcanzar hasta los 150 km/h. Una vez sobre su víctima el ave utiliza sus potentes garras para paralizar al animal y su afilado pico para producirle las heridas necesarias para su muerte.

Los cazadores buscarán posiciones elevadas para lanzar el águila. De esta manera el águila tendrá un campo de visión suficientemente amplio para localizar y lanzarse en busca de sus presas.

La pequeña cría de lobo de las estepas permanece junto al águila el tiempo necesario hasta que esta se acostumbre a su presencia, sus formas y su movimiento. A través de esta práctica el ave será capaz de reconocer a su presa ya en vuelo.

Las águilas doradas pueden alcanzar hasta 2'30m de envergadura y 8 kilos de peso. Su pico es una auténtica cuchilla, sus potentes garras pueden ejercer una fuerza letal y su vista supera cuatro veces a la de un ser humano.

Nuestro amigo Aisholbek Manaa, cazador de águilas se prestó para mostrarnos a su hermosa águila dorada y poder fotografiarlos. Es de los apenas 250 cazadores de águilas que quedan para mantener esta tradición viva, la cual se practica en Asia central desde hace miles de años.

El caballo es de vital importancia en la caza con águilas. Gracias a él se alcanzan elevaciones prominentes sin apenas esfuerzo, de modo que eso ayuda a que el águila se sienta menos estresada durante la travesía.

En el momento en que el cazador destape los ojos al ave, esta reaccionará inmediatamente a los estimulos visuales. Su instinto cazador, aun latente a pesar de el tiempo en cautividad hará el resto.

Espero que este pequeño reportaje fotográfico te haya servido para conocer un poco acerca de los cazadores de águilas y de la cultura mongola. La fotografía es un medio genial para explorar, aprender y sobre todo para hacer amigos.

¡Nos vemos!

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